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CURIOSIDADES DE MI VIEJA ORDIZIA

Escrito en 1980 por Femin Gonzalez, Kifi.

Hay una calle llamada Maribaratza. Para muchos vecinos el nombre no les dice nada. Pero tiene su buena historia. Allá por el año... un grupo de la guarnición en esta plaza salió para hacer una descubierta contra las bandas de fuerzas militares extranjeras que merodeaban en la amurallada villa en busca de pequeños grupos para despojarlos de lo que llevaban. Chocó con uno de ellos a los cuales les derrotó y como trofeo se trajeron un cañón llamado “Maribaratza”, francés. Debió ser de impresión entonces porque pasó a figurar años más tarde en el escuadro de la villa, y acompañaba al Concejo en Comunidad en sus actos oficiales.

Fue conservado hasta el siglo XVIII hasta que con ocasión de la guerra de España-Francia la villa fue ocupada por unos franceses que al ver el cañón suyo se lo llevaron a su país. De haberlo guardado celosamente, posiblemente todavía acompañaría al Ayuntamiento en Corporación…


Contamos con tora calle de nombre desconocido para la gran mayoría: al calle Diego Ribero. Seguro que con los dedos de la mano se puede contar a quienes lo conozcan, seguro… este desconocido fue uno de los más ilustres hijos que ha tenido Villafranca y de los que más han honrado la presencia vasca en América. Se fue allí decidido a abrirse camino con ese afán que llevaron nuestros hombres al otro lado del mar, y paso a paso se fue abriéndolo escalando los más distinguidos puestos hasta alcanzar el máximo soñado: el de presidente de la República de Panamá.

Por eso figura su nombre en una calle de Ordizia y todos nos sentimos honrados de ello: calle Diego Ribero.


Según reza la monografía de don Carmelo de Echegara y Serapio de Múgica, en 1516 se hizo un nuevo reloj en la Parroquia que costó la suma de 8.060 maravedíes. A esto hay que añadir los días que pasó el relojero montando el reloj, con su mozo y acemilero que estuvieron un día y se pagaron 960 maravedíes. Las tablas para la puerta, 1.060; la mano de obra de los carpinteros que pusieron las tablas e hicieron la caja para que anduviesen las pesas, 2.250 maravedíes. También se pagaron unos 278 maravedíes por los clavos. En 1573 se hizo la campana del reloj por el campanario Baltasar de Sanso y pesó 16 quintales y 58 libras. La fundición costó la razón de 25 reales quintal, o sea, 38 ducados y 6 reales, más de 60 reales que se dieron al campanero. Se pagaron también para compra de metal, conducción etc., 48 ducados, más 560 reales, que hacen un total de 37.022. Para satisfacer estas sumas, se sacaron 40fanegas de trigo que dieron dos vecinos de Isasondo y uno de Villafranca a 16 reales fanega, a condición de que a cambio se les entregase igual cantidad de trigo. En 1580 se decidió cubrir el chapitel y los ocho postes a la redonda que resguardaban el reloj, con hoja de Flandes (hoja de lata) que costó 51 ducados. El 26 de abril de 1753 estaba muy deteriorado el reloj viejo. Por ello se inició la conveniencia de encargar uno nuevo al “mejor artista aquí nacido”, que lo era Salvador Rivas de Pamplona, quien se comprometía a construirlo por 100 ducados, más los gastos que se originaran para conducirlo y colocarlo. Se acordó aceptar la propuesta y se abrió suscripción entre los asistentes para sufragar esas sumas, recaudándose en el acto 339 reales.

No deja de llamar la atención otro hecho curioso bajo otro aspecto: un acuerdo de 23 de octubre de 1768. Por él sabemos que había la costumbre de predicar en castellano el sermón de la Concepción, y como una parte de los oyentes no lo entendían, se escribió al guardián dl convento de San Francisco de Tolosa para que en adelante se emplease el vascuence en el sermón que se hiciera en conmemoración y alabanza de aquel misterio.


En las cuentas que aparecen en la monografía de Echegara y Múgica, de 1579 y en las siguientes hasta 1606, figura el pago de varios premios a los cazadores de osos, lobos y un tiguer, muertos en los montes de Aralar, Murumendi y Ataun. No dejar de ser interesante este dato para quien quiera formarse idea exacta de lo bravío y espeso de los bosques que cubrían en aquella sazón las montañas próximas a Villafranca (igualito que ahora).


Para atender la limpieza de las calles se nombró un barrendero el 30 de julio de 1896. Se le concedió 2 reales de sueldo y el aprovechamiento de la basura que recogía. Se le daba además, medio vaso de vino de la Alhondiga, excepto los miércoles, jueves, domingo y días festivos, que se le daba un vaso. Sustituiría como suplente a los serenos y sería preferido siempre que la villa necesitara personal de su clase.


Grandes debieron ser los sacrificios que impuso a Villafranca la necesidad de tener en buen estado de conservación sus caminos allá por el 1500.

El puente de Lazkaibar, que facilitaba la comunicación con Lazcano y Ataun, constituía un verdadero censo, pues a cada momento se estaba renovando, posiblemente porque las aguas del Oria en la época del deshielo y de las grandes lluvias, lo destruían. En 1511 se invirtieron 6.000 maravedíes en reconstruirlo.

Se emplearon grandes cantidades de madera y algunas de las piezas eran de tal tamaño que para la conducción de tres troncos procedentes de Gorrategui, fueron menester 29 hombres con palancas y 10 yuntas de bueyes. La piedra de los lados y machones se trajo de Amirribia.

Sin duda para evitar estas continuas reconstrucciones, que exigían un desembolso constante, se prefirió construir de cal y canto el puente de Alkarte en 1538.

En 1566 se dispuso la construcción de la calzada de Zaldibia y el año 1569 y los siguientes las calzadas del puerto Berranoa de Ataun y en 1572 se dieron 25 ducados “para abrir la peña entre Arrateguibel y Serrarte de modo que pudieran pasar por allí las bestias de carga”. En 1770, el 12 de mayo se anunció la subasta de las obras de construcción de la carretera general de Madrid a Irún, que se iba abrir por cuenta de la Diputación la parte que atravesaba el territorio guipuzcoano. En 1885 se consiguió el anhelo de comenzar la construcción de la carretera hasta Erroyondo de Ataun.

La que une  a Villafranca con Zaldibia se construyó el año 1863 al 65, aumentó los medios de comunicación que contaba Villafranca para relacionarse con los pueblos próximos. Se luchó para conseguir el enlace con Gaiza, pero se negó la Diputación, en el año 1893, arrancando de Bozunza.

Dos años más tarde volvieron a la carga adhiriéndose los de Arama, Alzaga, Gainza y Baliarrain para pedir la construcción de un camino de tres metros de anchura que “arrancando de Bozunza vaya a la plaza de Arama, desde allí por el casco de Alzaga a Bostainceta, de donde partiría un ramal  Gainza, siguiendo el camino desde Bostaizeta a Baliarrain y de allí a la ferrería vieja de Legorreta a entrar en el camino real por aquel puente”. Más tarde se llevó a cabo la construcción de la carretera, pero partiendo de las inmediaciones del caserío Lizarraga, la que une Zaldibia y Ordizia.

 

FERMIN GONZALEZ (Kifi)

 

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